Lo que no escuchaste en Lux

Una visión diferente sobre el último álbum de Rosalía

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El ultimo álbum de Rosalía, Lux (2025), generó toda clase de comentarios. Críticos y oyentes comentaron las letras explícitamente espirituales, en un mundo pop dominado por la superficialidad. Se proclamó oficialmente el 'giro religioso' en la cultura.

Sin embargo, hay un elemento clave que pasó totalmente inadvertido. Fue algo que ni siquiera escuchamos: el silencio. El silencio en la música de Rosalía, con una carga espiritual muy potente. 

La pieza que desató la expectación mediática fue 'Berghain', lanzada días antes del álbum. Es una declaración de intenciones y un resumen temático de Lux. Empieza con una orquesta y coro sinfónicos típicos del segundo romanticismo —y cantando en alemán, la lengua de Wagner. Sobre ella, Rosalía entona la melodía en un registro agudo extremo. Luego baja a una zona del canto más amable, haciendo referencia a un "terrón de azúcar" que se disuelve. La música efectivamente también se disuelve, con la irrupción de Björk ("la única forma de salvarnos es por intervención divina") y la desaparición de la orquesta. Finalmente, nos quedamos con la voz distorsionada de Yves Tumor con un timbal de fondo y entradas esporádicas de cuerdas.

¿Qué es todo esto? Un verdadero vaciado musical, del romanticismo sinfónico al nihilismo contemporáneo. Del ruido del mundo a la intimidad. Una experiencia mística en la que Rosalía se aventura en el silencio.

Como artista, hay una conexión entre el vacío y la divinidad. Si tú haces espacio, quizá alguien que está por encima de ti puede llegar y pasar a través tuyo. Yo tengo un deseo que sé que este mundo no lo puede satisfacer.
— Rosalía, Ràdio Noia
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La eternidad en 5 segundos. Un momento impactante en ‘Reliquia’.

Rosalía es valiente al incorporar el silencio en piezas como “Reliquia”. Lo vemos en esos acordes de piano sin voz que rompen la estructura, o los cinco segundos de vacío antes de la última intervención musical (ver imagen).

Estos silencios ocurren en momentos clave y son totalmente anticomerciales. Los estándares pop (radiofórmulas y algoritmos) tienen un profundo 'horror vacui'. El silencio es un riesgo para perder al oyente, generar momentos incómodos. "¿Se ha apagado?" "¿Se ha estropeado?". Para la artista, una oportunidad para generar preguntas.

Como ella ha comentado en sus entrevistas, su álbum anterior Motomami era minimalista por el uso cuidadoso de sus elementos, pocos y desnudos. Lux, por lo contrario, es maximalista. Es puro exceso, con muchas capas musicales, voces llevadas al extremo, reiteración de ideas melódicas. El silencio, por lo tanto, no es minimalista, sino que forma parte de ese exceso. Es una llamada de atención. 

En piezas como “Mio Cristo Piange Diamanti”, se juega deliberadamente con la reverberación y el silencio. La sensación es de vacío cortante y chocante, inesperado. Se va cambiando de un espacio abierto a otro cerrado, convirtiéndose en un lugar desconocido, un no-lugar. Rosalía se posiciona en ese no-lugar para hablarnos.

¿Por qué es tan importante ese silencio? Lo es, por ejemplo, para esas misas televisadas en el que el locutor habla para 'rellenar huecos'. Lo es, también, para esas películas de 'valores cristianos' donde los violines te dictan lo que tienes que sentir. Lo es para otras propuestas de 'música religiosa' con letras religiosas, pero construida con las fórmulas de consumo de Spotify.

El verdadero 'giro religioso' no estaba en la letra. Estaba en la música, y en la forma de vivir esa música. 


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