¿Qué es realmente “tener aura”?
El filólogo Jorge Barroso explica el origen de esta expresión popular.
“¡Al de las gafas! ¡Al de las gafas!”. Esto es lo que gritaba el capitán del equipo contrario hace unos días en un partido de fútbol de la típica liga nocturna amateur. El capitán del equipo contrario instaba a sus compañeros a cubrir y no dejar suelto al jugador de las gafas; que resulta que era yo.
Cada vez que escuchaba esta frase en cualquiera de nuestros ataques, lejos de amedrentarme, hacía sentirme más peligroso, más capaz de jugar a un fútbol que no sabría jugar en condiciones normales. La realidad es que yo no soy extraordinario jugando a fútbol, pero a ciertas edades, tener más resistencia física da algo de ventaja, y eso era digno de preocupación para el otro equipo. La segunda parte de aquel partido jugué de lateral, y mi capacidad de ataque se redujo, así que no volví a oír esas frases. Os digo que durante esa primera parte, cada vez que oía “¡al de las gafas!” sentía como iba creciendo mi aura.
Creo que podría definir el “tener aura” como realizar una acción que te proporciona un “estado de gracia”, o plenitud que te lleva a sentirte más seguro y confiado. Pero no se queda aquí, el aura no solo es un estado del individuo, también tiene que ver con la percepción que tienen de ti los demás, de modo que “aura” se relaciona con prestigio, es decir, una cualidad que existe en cuanto hay otros que valoran.
Clasificaciones de celebridades según su aura.
Aura viene directamente del latín “aurum” que significa oro. El diptongo “au” evoluciona a la letra “o” en español, igual que en la palabra ‘taurum’ > ‘toro’, o también, ‘aucam’ > ‘oca’, por decir algunos. Y la terminación ‘-um’ del latín evoluciona al español a ‘o’, igual que, por ejemplo, ‘templum’ > ‘templo’. Así que “aura” está relacionado con “oro”. Pero esperad.
En la antigüedad, el nombre de los colores venía dado por algún elemento de la naturaleza. De este modo, el color naranja se le llama naranja por la fruta. Precisamente ‘aurum’ deriva del Proto-Indoeuropeo (la familia madre del latín y de muchas otras lenguas) *h₂ews- que significa ‘amanecer’ o ‘iluminarse’ o ‘convertirse en luz’. Es decir, “oro” es el color de la luz, pero la luz brillante, que rompe la oscuridad, es decir, el amanecer.
En otras palabras, tener “aura” realmente significa algo así como “vestirse de luz”, es pasar de un estado en el que no hay luz a que sí que haya luz. Para sorpresa de nadie este término ya se había inventado hacía siglos. Efectivamente, a partir de la Edad Media se empezó a pintar a Jesús, la Virgen María y a los santos rodeados de una luz, pero con el tiempo este elemento fue simplificándose a la aureola (ese circulito de luz alrededor de la cabeza), que viene del latín ‘aurum’ y el morfema diminutivo.
Por tanto, aureola significa “lucecita” o “doradito”. En el contexto pictórico cristiano, este elemento indica que ese personaje en cuestión está en el cielo. Sin embargo, en vida, al ser una persona muy buena, ya se le tenía que notar esa santidad, de modo que iba por la vida con “esa luz” que es la luz de Cristo, como si el santo fuera una de las lámparas del Apocalipsis versión Hacendado.
Creo que no sorprende a nadie que una vez más que una idea creada alrededor del 2023 en occidente tenga como referencia o inspiración un término cristiano.